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Nací en Málaga allá por 1968 y, siendo muy chico, caí en desgracia cuando uno de mis innumerables tíos me abrió las puertas de su biblioteca que, como todas las primeras bibliotecas de todos los tíos, es la más grande biblioteca, la más abrumadora y decisiva de las bibliotecas. Por culpa de tanta la lectura obsesiva, no sé cuándo me dio por empezar a darle al bolígrafo en esos fascinantes mundos de los relatos y cuentecillos sin título, ni pretensiones, ni calidad en casi todos sus renglones. En la tormentosa adolescencia, y como en vana tentativa de poner algo de orden, empiezo a titular los escritos y creo recordar que más o menos de esta manera: Click, Transición, Insuficiencia cardíaca, El hombre bajo la marquesina, Etílica (éste me sigue gustando a pesar de las carpetas y otras décadas que le han ido cayendo encima, es un tratado poético de diez páginas sobre el descenso de toda una familia a los infiernos), Arunda (pesadilla de explotación laboral), Cuento de amor o arte (muy clásico, casi para niños), En el estudio (pornográfico, producto de una etapa trascendental e ineludible de confianza en la capacidad de llevarse al bolsillo unos dineros explotando las propias virtudes), Fumador (o cómo escribir rehén de un premio que nunca llegó).

Antes de alcanzar la edad adulta, como era de esperar, me atrevo a hacer incursiones en los terrenos de la novela corta. Y por si se quedan en poco, escribo dos, Rosa y Gris e Historia en blanco y negro. De la segunda puedo salvar algo, y es su intención (influencias kafkianas mal usadas, monstruos de tintes filosóficos), pero la primera no pasa de humorada de fondo oscuro, con un protagonista tan gris e invisible como la misma novela.

A los 18 años intento hacerme poeta, y lo hago, como dicta la edad, con un largo poema de mucha intención y mucha protesta, lo titulo Réprobos y me sirve de mortero para mandar al infierno a todo el que me molesta.

A los 19 cambio el registro y fundo, con un amigo que hasta hoy me dura, un grupo de teatro que a la larga se convierte en grupo de vídeo y cuatro años después se disuelve por la presión de las responsabilidades, los trabajos, las carreras, algunos novios y otras novias. El grupo se llama Nuovocento después de exhibirse con otros nombres. Dentro de él y a lo largo de su corta vida lo utilizo para hacer de todo, desde guionista hasta regidor de escena, pasando por la dirección, la interpretación y hasta la penosa tarea de una producción ejecutiva sin fondos que manejar. Pusimos en escena nuestras obras en Málaga y pueblos de la provincia, y en todas ellas hice de coguionista junto con el amigo cofundador, conocido como Rafael Zurita, a quien ahora pongo nombre porque ya su mención es reiterada, y porque acabará sonando por ser segura aunque lenta su carrera literaria. Las obras se llamaron Andén IV, La muda de la serpiente, Por favor, usted primero, Luz de fondo, Curanimarum y el pasacalles Los pecados capitales. Aunque nosotros, con la fatuidad propia de la juventud, nos empeñásemos en ser clásicos, la por aquel tiempo responsable de seleccionar textos para el Teatro Cervantes de Málaga nos despistó calificándonos como la mejor muestra del vanguardismo malagueño, por el simple hecho de incorporar al escenario, sin darnos cuenta y quizá dejándonos llevar por nuestra cinefilia enfermiza, ciertas técnicas cinematográficas.

Esto nos lleva, allá por 1991, al vídeo. Realizamos varios cortometrajes, y no logramos terminar, porque si es difícil la unión de un grupo artístico la escasez económica la hace insostenible, dos largometrajes, Roy Rey y La muda de la serpiente. En los dos hago de coguionista con el consabido amigo, aunque las ideas originales sean sólo de él. También escribo para los cortos, algunos parten de ideas propias, como Orson, otros son adaptaciones de relatos, como Un día demasiado bello para morir de Irish. Entre todos estos trabajillos, sólo finalicé el rodaje de uno, y muy contento que me quedé: adapté mi relato Etílica y rodé con él un corto que superó en arrojo artístico el texto original. Por aquellos tiempos un músico me pidió el libreto para una danza. La titulé Puertas de Sión y no sé si alguna vez se llevó a escena.

El primer largometraje que escribí sin compartir fatigas, también en 1991, se tituló Penelopea, una odisea surrealista que transcurre en una noche y sin salir de una urbanización de chalés, cuando aún eran esos pocos territorios tranquilos donde algunas personas pasaban sus vacaciones. Por sus rarezas nunca he enviado este guión a las productoras. Espero algún día tener la oportunidad de rodarlo yo mismo.

En 1992, después de acabar una carrera de Informática que, a pesar de que nunca me gustó ni va con mi carácter, me ha permitido comer hasta hace dos días, en aquel año, digo, y en pleno desempleo perseverante, me apunté a un curso de Diseño de Producción en Vídeo, de siete meses, que aunque poco productivo por la escasa calidad que la academia ofrecía, me sirvió para profundizar en el asunto audiovisual.

Acabado el paro forzoso, pasé un año trabajando en Ronda, donde escribí un monólogo teatral titulado Amaren, visión muy negra del amor en clave femenina. En los dos años que a continuación pasé en Madrid, mientras me arrastraba informáticamente por bancos (de dinero ajeno) unas diez horas diarias, dediqué las noches a escribir la que considero mi primera novela de verdad, Monólogo para muertos, mi obra más preciada y la que más me ha hecho sufrir: su lenguaje musical, a veces barroco, me hizo comprender que la buena literatura, por sí sola, no abre puertas. Después de ella necesité 10 años para volver a pensar en publicar.

En 1996 abandoné el trabajo, volví a Málaga, monté un estudio fotográfico que a los dos años quebró, asistí a unas clases magistrales del siempre grande Miguel Romero Esteo, mientras escribía poemas como Cipo, Goyesco, El reloj, Rutinas, Cese tu baile, relatos como Un viaje tan aburrido, La obra, etcétera, y hasta un corto para reírme de mis sueños rotos, Mi hermano siempre quiso ser actor. En aquel tiempo desconocía que estaba escribiendo poemas que serían reconocidos una década más tarde (Cese tu baile me borró de la larga lista de inéditos), como también Tu visita, niña, compuesto en 1997.

Al tiempo que para llevarme algo a la boca hacía montajes de orlas universitarias, entre el 97 y el 98, impartí clases de teatro y audiovisuales a los alumnos de dos residencias malagueñas de estudiantes. Junto a un director venido a menos empecé a trabajar en el diseño de producción de lo que se pensó como episodio piloto para una serie de televisión y más tarde retomé como guión para un largometraje, Telón corto. Llegué a realizar un casting en la Universidad de Málaga, fallaron los posibles productores, en Málaga todo se queda en intenciones, el director se aburrió y el proyecto se vino abajo. Por aquellos años escribí algún artículo de crítica cinematográfica en la revista de una oenegé de Málaga. Me echaron en poco tiempo por no elegir películas taquilleras. También hice un guión para un spot publicitario del sindicato CC.OO.

Pauloma es un largometraje que terminé de escribir en 1998. Ésta sí es una película a descubrir por los que manejan el cotarro de la cosa cinematográfica, sólo hace falta que lean el guión. Tiene todos los requisitos para ser llevado a cabo por una productora que quiera arriesgar poco, es barato, contiene amor, espionaje, literatura, sexo y algún suicidio, de ritmo pausado pero atractivo para un público joven. Entre 1998 y 2000 escribí otros dos guiones de cortometrajes, OOO y Agónico.

En 1998 volví a la informática, salté de empresa a empresa, de Málaga a Madrid, de Madrid a Barcelona, como diseñador en esto de la internet, en 2001 pasé de nuevo y voluntariamente por el terrible desempleo, volví a trabajar como fotógrafo, como diseñador gráfico, y entre tanta promiscuidad laboral en junio de 2000 terminé mi novela más larga, se llama Federico y una piedra y, aunque más disoluta que y tan musical como la primera, por menos experimental que aquella más fácil para un lector corriente. Ni una ni la otra han sido publicadas. Todavía.

Otros relatos destacables de estos últimos años se titulan Un dúplex (una pareja pasa mucho tiempo separada), El ruido (se desata una guerra entre un hombre y la pared de su dormitorio), Desconocidas (dos mujeres se cruzan cada día a la misma hora y en el mismo punto) y Cuatro escalones por encima, o dos se miran (con veintitantas páginas de acecho en Barcelona, escrito en 2007). También una obrita de teatro, Pecados, elaborada por encargo para los alumnos de una residencia estudiantil, y unos cuantos poemas, entre ellos No hay poema.

En cuanto a la procura del sustento, a partir de 2002 alterné actividades tan heterogéneas como fotógrafo y diseñador gráfico, profesor de Informática, consultor en higiene alimentaria y proyeccionista de cine en los barrios para el Teatro Cervantes en su programa del Festival de Cine Español de Málaga. No es hasta 2005 cuando, de nuevo tratando de poner orden a todo esto, me estudio unas oposiciones para el Ayuntamiento de Málaga y voy y las saco, y es entonces, o más bien un año después, cuando quizá por aburrimiento y sin mucha la esperanza, gracias a las facilidades de la red de redes, me da por enviar textos a algunos concursos, y llegan los reconocimientos, que no por pequeños son menos gratificantes, y son los siguientes:

  • Septiembre de 2006: Primer premio del IV Certamen Internacional de Poesía La Lectora Impaciente para el poema Cese tu baile. Y con él mi primer texto publicado, en una antología titulada Frente al mar, de la editorial El Taller del Poeta.
  • Noviembre de 2006: Selección, por la Universidad de Alicante, del poema Rutinas para participar en el V Encuentro de la asociación Anuesca, a beneficio de Médicos Sin Fronteras.
  • Diciembre de 2006: El poema Tu visita, niña resulta finalista en el III Concurso Literario Fiesta Mayor de Gracia, compitiendo en Barcelona a nivel internacional en castellano y catalán. Se publicará en antología.

    Estos poemas han sido publicados en diversos medios como: la revista literaria The Big Times, producida en Puerto Rico; el primer número de Mar de Poesías (marzo-abril/2007) de la revista cultural Almiar - Margen Cero; la antología digital Una voz en el abismo; la bitácora literaria Arponeros Melancólicos; la revista digital Gibralfaro, editada con el apoyo de la Universidad de Málaga; y, en papel, en el primer número de la revista Y Latina de la Asociación de Escritores Noveles (AEN).

  • Diciembre de 2006: El relato El ruido obtiene una Mención Especial en el I Premio de Relatos de Terror El Espejo Roto. Publicado en antología por la editorial sevillana Jirones de Azul.

  • Marzo de 2009: 2º Premio de Fotografía en el IV Concurso de Fotografía Correos-Western Union, con la foto titulada Música en el Parque Güell, mostrada, junto al resto de fotos seleccionadas, en una exposición itinerante que recorrerá las ciudades de Madrid (10-31 de marzo de 2009), Valencia (7 al 21 de abril de 2009) y Barcelona (28 de abril al 12 de mayo de 2009).
  • Mayo de 2010: 2º Premio del IX Certamen de Relato Corto Huétor Vega Gráfico, con el relato Desconocidas.    

 

Todas estas recompensas, además de tenerme viajando de una a otra ciudad, me han llevado a pensar que, a veces, la flauta suena y a alguien le da por gustarle tu industria y con todas sus razones va y te premia.

Qué hago ahora. Unos poemas. Unos relatos, con extensiones desde una línea hasta 25 páginas, para un libro que quiero titular Las mudanzas. También voy trabajando una novela, El temblor justo. Y pensando, siempre pensando, y siempre intimidado por esas bibliotecas que uno descubre de chico. Volver a la página anterior


 

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