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Antes de alcanzar la edad adulta, como era de esperar, me atrevo a hacer incursiones en los terrenos de la novela corta. Y por si se quedan en poco, escribo dos, Rosa y Gris e Historia en blanco y negro. De la segunda puedo salvar algo, y es su intención (influencias kafkianas mal usadas, monstruos de tintes filosóficos), pero la primera no pasa de humorada de fondo oscuro, con un protagonista tan gris e invisible como la misma novela.
A los 19 cambio el registro y fundo, con un amigo que hasta hoy me dura, un grupo de teatro que a la larga se convierte en grupo de vídeo y cuatro años después se disuelve por la presión de las responsabilidades, los trabajos, las carreras, algunos novios y otras novias. El grupo se llama Nuovocento después de exhibirse con otros nombres. Dentro de él y a lo largo de su corta vida lo utilizo para hacer de todo, desde guionista hasta regidor de escena, pasando por la dirección, la interpretación y hasta la penosa tarea de una producción ejecutiva sin fondos que manejar. Pusimos en escena nuestras obras en Málaga y pueblos de la provincia, y en todas ellas hice de coguionista junto con el amigo cofundador, conocido como Rafael Zurita, a quien ahora pongo nombre porque ya su mención es reiterada, y porque acabará sonando por ser segura aunque lenta su carrera literaria. Las obras se llamaron Andén IV, La muda de la serpiente, Por favor, usted primero, Luz de fondo, Curanimarum y el pasacalles Los pecados capitales. Aunque nosotros, con la fatuidad propia de la juventud, nos empeñásemos en ser clásicos, la por aquel tiempo responsable de seleccionar textos para el Teatro Cervantes de Málaga nos despistó calificándonos como la mejor muestra del vanguardismo malagueño, por el simple hecho de incorporar al escenario, sin darnos cuenta y quizá dejándonos llevar por nuestra cinefilia enfermiza, ciertas técnicas cinematográficas.
El primer largometraje que escribí sin compartir fatigas, también en 1991, se tituló Penelopea, una odisea surrealista que transcurre en una noche y sin salir de una urbanización de chalés, cuando aún eran esos pocos territorios tranquilos donde algunas personas pasaban sus vacaciones. Por sus rarezas nunca he enviado este guión a las productoras. Espero algún día tener la oportunidad de rodarlo yo mismo. En 1992, después de acabar una carrera de Informática que, a pesar de que nunca me gustó ni va con mi carácter, me ha permitido comer hasta hace dos días, en aquel año, digo, y en pleno desempleo perseverante, me apunté a un curso de Diseño de Producción en Vídeo, de siete meses, que aunque poco productivo por la escasa calidad que la academia ofrecía, me sirvió para profundizar en el asunto audiovisual.
En 1996 abandoné el trabajo, volví a Málaga, monté un estudio fotográfico que a los dos años quebró, asistí a unas clases magistrales del siempre grande Miguel Romero Esteo, mientras escribía poemas como Cipo, Goyesco, El reloj, Rutinas, Cese tu baile, relatos como Un viaje tan aburrido, La obra, etcétera, y hasta un corto para reírme de mis sueños rotos, Mi hermano siempre quiso ser actor. En aquel tiempo desconocía que estaba escribiendo poemas que serían reconocidos una década más tarde (Cese tu baile me borró de la larga lista de inéditos), como también Tu visita, niña, compuesto en 1997. Al tiempo que para llevarme algo a la boca hacía montajes de orlas universitarias, entre el 97 y el 98, impartí clases de teatro y audiovisuales a los alumnos de dos residencias malagueñas de estudiantes. Junto a un director venido a menos empecé a trabajar en el diseño de producción de lo que se pensó como episodio piloto para una serie de televisión y más tarde retomé como guión para un largometraje, Telón corto. Llegué a realizar un casting en la Universidad de Málaga, fallaron los posibles productores, en Málaga todo se queda en intenciones, el director se aburrió y el proyecto se vino abajo. Por aquellos años escribí algún artículo de crítica cinematográfica en la revista de una oenegé de Málaga. Me echaron en poco tiempo por no elegir películas taquilleras. También hice un guión para un spot publicitario del sindicato CC.OO. Pauloma es un largometraje que terminé de escribir en 1998. Ésta sí es una película a descubrir por los que manejan el cotarro de la cosa cinematográfica, sólo hace falta que lean el guión. Tiene todos los requisitos para ser llevado a cabo por una productora que quiera arriesgar poco, es barato, contiene amor, espionaje, literatura, sexo y algún suicidio, de ritmo pausado pero atractivo para un público joven. Entre 1998 y 2000 escribí otros dos guiones de cortometrajes, OOO y Agónico.
Otros relatos destacables de estos últimos años se titulan Un dúplex (una pareja pasa mucho tiempo separada), El ruido (se desata una guerra entre un hombre y la pared de su dormitorio), Desconocidas (dos mujeres se cruzan cada día a la misma hora y en el mismo punto) y Cuatro escalones por encima, o dos se miran (con veintitantas páginas de acecho en Barcelona, escrito en 2007). También una obrita de teatro, Pecados, elaborada por encargo para los alumnos de una residencia estudiantil, y unos cuantos poemas, entre ellos No hay poema. En cuanto a la procura del sustento, a partir de 2002 alterné actividades tan heterogéneas como fotógrafo y diseñador gráfico, profesor de Informática, consultor en higiene alimentaria y proyeccionista de cine en los barrios para el Teatro Cervantes en su programa del Festival de Cine Español de Málaga. No es hasta 2005 cuando, de nuevo tratando de poner orden a todo esto, me estudio unas oposiciones para el Ayuntamiento de Málaga y voy y las saco, y es entonces, o más bien un año después, cuando quizá por aburrimiento y sin mucha la esperanza, gracias a las facilidades de la red de redes, me da por enviar textos a algunos concursos, y llegan los reconocimientos, que no por pequeños son menos gratificantes, y son los siguientes:
Todas estas recompensas, además de tenerme viajando de una a otra ciudad, me han llevado a pensar que, a veces, la flauta suena y a alguien le da por gustarle tu industria y con todas sus razones va y te premia. Qué
hago ahora. Unos poemas. Unos relatos, con extensiones desde una línea
hasta 25 páginas, para un libro que quiero titular Las mudanzas.
También voy trabajando una novela, El temblor justo. Y pensando,
siempre pensando, y siempre intimidado por esas bibliotecas que uno descubre
de chico.
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